La gente puede tener la tecnología de punta en su mano, el acceso a un universo de información, la inmediatez de un clic o de un movimiento del dedo, y aún así, van a pedir que les den la información en la boca y bien digerida. No se van a tomar la mínima molestia de abrir un navegador o el asistente de IA que tienen ya la mayoría de los teléfonos celulares para buscar la información que necesitan. Así que la cuestión no es que la tecnología no esté suficientemente desarrollada, sino que la imbecilización de las mentes, la angostura de mirada, la pereza para pensar, la adicción a la gratificación instantánea, entre otras cosas, es lo que está a la orden del día. Pero bueno, dirán los expertos en educación que debemos “innovar” abandonando aulas, metiendo más celulares e IA; es abandonando el contacto físico y el desarrollo de habilidades básicas como la memoria, la atención y la tolerancia a la frustración, que se progresa, porque Dios guarde que haya que repetir, leer, memorizar para tener algo en la cabeza y así construir habilidades superiores. Es frustrante pero así es como estamos, y no, no son los jóvenes, son los adultos que ya deberían tener bien puesto el cerebro quienes más se rehúsan a ponerlo a trabajar.