La Universidad pública madrileña no tiene ni un segundo que perder.
Quieren eliminarla de manera acelerada, quieren disolver de manera accelerada dos milenios y medio de conquistas que durante cinco siglos se despliegan en instituciones y que durante las últimas décadas empezaron a abrirse para quienes todas las puertas estuvieron cerradas. Nos jugamos el patrimonio de quienes no tienen patrimonio.
Publicamos en El País cómo hacer desde el primer día después de la caída de la Consejería de Educación. Son unos mínimos para el primer día. Del segundo ya hablaremos.

<<Las universidades públicas madrileñas no tienen tiempo que perder, no. En un año en el que hay más estudiantes de Medicina matriculados en universidades privadas, pagando una media de 20.000 euros anuales, que en universidades públicas, el tiempo se agotó. Cuando Madrid sigue siendo la comunidad con el profesorado peor pagado, con tasas de temporalidad que doblan las del maltrecho sector hostelero, con las matrículas más altas, con menos becas por estudiante, que menos invierte en ciencia, que más talento expulsa, cuando todo eso ocurre en la comunidad más rica de España y en una de las más ricas de Europa, y cuando pese a esa asfixia una única universidad madrileña, la Complutense, produce más tesis doctorales que 46 universidades privadas, todas las de España, juntas, entonces se puede decir, sí, que el tiempo se ha acabado. Se acabó en realidad hace mucho tiempo, pero cristaliza hoy con la caída de una consejería casi al completo>>.