Tras una ovación de lujo, al aparecer el filósofo Felipe Martínez Marzoa, el autor del texto manifiesta una cierta decepción ante el diálogo interpelante que pudo haber sido, y no fue.
Algo similar al hastío fue la inmediata impresión que en mí produjo la conferencia de Marzoa en el congreso “La actualidad de Marx”, celebrado en la UCM. Ante el discurso del ponente, no pude evitar preguntarme a qué viene la enésima reafirmación de lo ya tantas veces afirmado y reafirmado, qué aporta, qué interés tiene. A qué viene reafirmarse de nuevo, tras haberse reafirmado ya anteriormente con casi las mismas palabras, en todo lo que alguna vez se ha dicho y defendido. Digamos: a qué viene la enésima idéntica reafirmación, qué pretende. Pero mayor aún, si cabe, fue la perplejidad que me causó el constatar que buena parte del auditorio parecía no haber oído nada de lo de siempre ni siquiera una sola vez: intervino un señor convencido de que Marzoa sostenía lo mismo que Liria, etcétera. Y lo peor: ciertos intentos confutatorios posteriores, presuntamente instruidos. No, el comunismo no es para Marzoa una idea regulativa kantiana, no es ni siquiera eso, es menos que eso: es burda tautología porque, si no, sería burda teleología. A este respecto, su postura no tiene nada de original o extravagante: en “El Estado y la revolución”, Lenin (a quien Marzoa no cita) hace la misma lectura de la “Crítica del programa de Gotha”. Pendiente queda —creo— una discusión que ponga adecuadamente los puntos sobre las íes. Esta podría empezar por conceder a Marzoa que, en efecto, el gran mérito de su interpretación de Kant reside en que no lee a Kant en espera de Hegel, pero (y ese es el gran demérito de su lectura de Hegel) sí lee a Hegel en espera de darle la última palabra a Kant. ¿No habría que buscar precisamente ahí la base de las “inhibiciones lectoras” de Marzoa por lo que se refiere, no solo pero sin duda también, a su ya clásica interpretación de Marx?