En medio de uno de los años más oscuros de la historia mundial, 1945, Gabriela Mistral recibió el Premio Nobel de Literatura. En esta columna, Ricardo Espinoza Lolas propone una lectura audaz: su voz poética fue más transformadora que muchos tratados de paz. En lugar de bombas, Mistral nos legó versos como barcas del NosOtros, gestos radicales de ternura y dignidad para el mundo.
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