Escribimos, muchos de los que lo hacemos, porque algo nos bulle en el interior y necesitamos lanzarlo al mundo. Algunos dicen que es terapéutico, aunque a mi entender puede serlo si quien ejerce de escritor ha estado realizando o está en terapia. Si no es el caso, el escupir palabra tras palabra, puede ser un trallazo de emociones que ni el propio escribiente acaba de entender. Y, también, es veraz que no siempre quien escribe se ve impulsado por las mismas motivaciones.
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