Herder
02/05/2023

“Ariadna. Una interpretación queer” de Ricardo Espinoza Lolas.

Ricardo Espinoza Lolas.
Ariadna. Una interpretación queer (Herder, 2023).

Este libro de Ricardo Espinoza Lolas no deja indiferente a nadie. A través de una filosofía viva, experiencial y material, expone lo real de la condición humana.

Nos muestra los laberintos actuales, hechos de ideas, estructuras capitalistas y patriarcales, reglas y categorías fijas, algoritmos que sugieren saber más que nosotros mismos sobre lo que deseamos, y una inteligencia artificial que, más que ayudarnos, nos esclaviza.

Para ello, podría decirse que realiza una fascinante inmersión arqueológica. No excava el mito para conservarlo intacto, sino para dinamitar desde sus cimientos todas esas capas de moralidad conservadora que lo han distorsionado. Allí donde la tradición vio a una mujer abandonada por Teseo o a una figura secundaria del relato heroico, el autor descubre una fuerza material y afirmativa: Ariadna como distancia radical, como potencia que impide que la vida quede clausurada en identidades fijas, jerarquías patriarcales o promesas de salvación.

Ariadna es, así, la figura de una vida que no busca escapar de su finitud, sino afirmarla desde el cuerpo, el deseo y la danza.

Espinoza Lolas recupera lo queer desde su potencia más radical: lo raro, lo torcido, lo que desborda la norma y desestabiliza las estructuras fijas. La mitología griega, lejos de ser un archivo ordenado de identidades estables, aparece atravesada por cuerpos híbridos, dioses migrantes, metamorfosis y zonas fronterizas. Ariadna y Dioniso son figuras de cruce, exceso, mezcla y transformación.

También Nietzsche es releído desde este desplazamiento. Allí donde cierta tradición ha situado a Dioniso en el centro del eterno retorno, Espinoza Lolas devuelve a Ariadna un lugar decisivo. Ella porta el anillo, la circularidad y la posibilidad de afirmar la vida desde el cuerpo. El eterno retorno no aparece aquí como una abstracción sobre el tiempo, sino como una experiencia material: afirmar la existencia con su dolor, su finitud y su potencia de danza.

Finalmente, durante la lectura de este libro, pensé en David Foster Wallace y en su relato sobre los cruceros de lujo. Pensemos en los transatlánticos que recorren hoy el mar Egeo prometiendo comodidad absoluta mientras visitan los escenarios del mito helénico. Esas maquinarias de entretenimiento industrial ofrecen una felicidad programada: seguridad, consumo, itinerario, comida, diversión y simulacro de aventura. El turista cree visitar las ruinas del laberinto clásico, pero habita una de sus versiones contemporáneas: un laberinto flotante de consumo masivo que mercantiliza incluso el deseo de trascendencia. En esa inmediatez, los viajeros son hábilmente involucrados en la construcción de diversas fantasías de triunfo, acicalamiento y excitación que prometen trascender el miedo a la muerte, pero que en realidad lo ahogan.

Frente a esa anestesia del presente, Espinoza Lolas propone una insurrección existencial y estética. El viaje ariadneo no se realiza con un boleto de primera clase. Exige sabotear el simulacro, bajarse del transatlántico turístico y descender a la costa. Ariadna queer no ofrece una salida segura, ni un hilo turístico, ni una promesa de confort. Su enseñanza es tan incómoda como real: aceptar el vacío, sostener la mirada frente a la incertidumbre y dejar que el derrumbe haga caer las falsas arquitecturas que nos sostenían. La libertad no aparece como evasión, sino como creación; no como negación de la finitud, sino como afirmación material del cuerpo, del deseo, del vínculo amoroso y de la danza.

Ariadna. Una interpretación queer es un libro imprescindible, de esos que conviene tener siempre al alcance, para leer y releer. Ricardo Espinoza Lolas aparece aquí como un pensador queer en el sentido más profundo del término: alguien capaz de cruzar filosofía, literatura, poesía, música, arte y pensamiento contemporáneo para invitar al lector a este viaje ariadneo, uno transformador, que nos enseña a escuchar lo sutil y a danzar con pies ligeros. 

Vanessa Yankovic

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