<<A lo largo del libro y de manera dialéctica, en sentido hegeliano, se va mostrando la diversidad de libros escritos por Ricardo Espinoza, el porqué de cada libro y cómo respondía a su momento existencial. Sus diálogos y su relación con Slavoj Žižek. La escuela eslovena que éste creó y lo que les aproxima fuertemente y lo que con el cambio del pensamiento de cada uno -incluidos otros filósofos de la escuela eslovena- los va distanciando filosóficamente, nunca en lo personal. Del mismo modo revisa la herencia recibida de Lacan y del gran Sófocles, uno desde la clínica que puede hacerse actualmente -aquí hay matices que es mejor leer directamente- y el otro como el mayor escritor de la antigua Grecia, que mediante los mitos y en especial el personaje de Antígona, aparece eso que constituye lo nietzscheano-dionisiaco haciéndose presentes materialmente hoy. Dedica tiempo a Lenin por su revolución no fallida, a Ignacio Ellacuría como el gran discípulo de Zubiri que supo materializar su tarea filosófico-teológica, y por ello fue asesinado. Y todo lo expuesto acompañado a referencias de su teoría sobre “la Barca del NosOtros”, como no podía ser de otra manera, ya que en esas barcas es en las que se puede materializar la emancipación y superar es escollo de que lo reflexionado se quede solo como teoría>>.
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