El ser humano es carencia, es decir, deseo insatisfecho. Su condición es anhelar; es más, hacerlo erróneamente a menudo. Si no puede aceptar su finitud, tampoco puede asumir sus límites y, por ende, desea lo que no le satisfará, aunque lo consiga. Su voluntad es ciega, desea porque si no, dejaría de ser, sin embargo, ese Deseo que saciará relativamente su ansia, no es otro que el deseo de sentido. Mientras el humano se distraiga deseando cosas, nunca dejará de ser una insatisfacción, una carencia.