Si no hay solidaridad con Dinamarca, la UE no significará nada y España quedará sola ante Marruecos.
Minnesota es amenazada por Trump con la Ley de insurrección, que implicaría miles de condenas y un estado de guerra civil. Los comentarios que emergen de las autoridades del Estado hablan de una ocupación militar por parte del propio presidente. Mientras tanto, Pimco, uno de los principales fondos de inversión del mundo, ha declarado que comenzará a retirar inversiones de Estados Unidos por la poca fiabilidad de la política económica de Trump. Los principales directores de bancos centrales han apoyado al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que resiste críticas, presiones y acusaciones fiscales promovidas por Trump. La corte federal ha avalado la reforma del sistema electoral de California, mientras que él ha declarado que las elecciones de medio mandato no deberían celebrarse. Cuando se le ha preguntado por los dos mil dólares prometidos a cada ciudadano para compartir los beneficios de los aranceles, ha declarado que no recuerda tal promesa.
Podríamos dar muchos más detalles. Trump está iniciando un conflicto civil en Estados Unidos de dimensiones dictatoriales, con un descaro y un cinismo que no tiene parangón desde Hitler. Como él, aunque realiza más ataques de las fuerzas estadounidenses en un año de mandato que Biden, dice que va a pacificar el mundo y reclama el Premio Nobel de la Paz. Esta desfachatez, unida a una vanidad que desborda la normalidad psíquica y acompañada de un sadismo que necesita humillar, resulta verosímil en Hitler. Ante una personalidad así, no basta huir: hay que pelear.

Lo más probable es que los cambios que desea ese núcleo solo pueda realizarlos un aventurero dispuesto a usar la brutalidad y la violencia institucional
Pero si, a pesar de todo, Trump es sostenido por una cohorte de incondicionales, es porque su política responde, en sus líneas básicas, a intereses decisivos del poder dominante en Estados Unidos. Lo más probable es que los cambios que desea ese núcleo solo pueda realizarlos un aventurero dispuesto a usar la brutalidad y la violencia institucional, llevando los poderes presidenciales más allá de la Constitución y disolviendo las agencias con dimensión social. Estados Unidos vive ya en un estado de excepción. Europa y el mundo deben comprenderlo.